Un Derecho Conquistado que Debemos Ejercer

Este 16 de mayo, la República Dominicana conmemora el Día Nacional de las Sufragistas, una
fecha instituida por el Decreto Presidencial No. 132-23, promulgado por el presidente Luis
Abinader en marzo de 2023. Esta declaración oficial no solo honra la lucha de las mujeres
dominicanas que exigieron el derecho al voto, sino que también reivindica su papel esencial en
el fortalecimiento del sistema democrático del país.
El sufragio femenino fue conquistado en un contexto de resistencia, desigualdad y exclusión.
Lideresas como Abigaíl Mejía, Petronila Angélica Gómez y otras pioneras alzaron su voz durante
décadas, luchando por una ciudadanía plena y el reconocimiento de los derechos de las
mujeres. Este logro, alcanzado en 1942, no solo permitió que las dominicanas pudieran votar y
ser electas, sino que también representó una de las primeras grandes derrotas simbólicas a la
dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, quien, pese a intentar instrumentalizar el voto femenino, no
pudo evitar que este derecho se convirtiera en una herramienta de empoderamiento y
transformación social.
Hoy, más de 80 años después, los avances son notables, pero aún insuficientes.
En los últimos procesos electorales, se ha registrado un aumento significativo en la cantidad de
mujeres electas al Congreso Nacional, alcanzando una proporción que representa un hito en la
historia legislativa del país. Sin embargo, la participación femenina en cargos ejecutivos clave
sigue siendo considerablemente baja. Esto contrasta con una realidad estadística elocuente: las
mujeres constituyen más de la mitad del padrón electoral dominicano. En otras palabras, son
mayoría en términos de electorado, pero su representación en los espacios de poder continúa
siendo desproporcionada.
Las causas de esta subrepresentación son múltiples y estructurales. A pesar de los mecanismos
legales como la cuota de género, muchas veces su aplicación se limita al mínimo requerido, sin
voluntad real de transformación. La violencia política hacia mujeres candidatas y funcionarias,
que va desde ataques en redes sociales hasta amenazas físicas, sigue siendo un obstáculo
silencioso pero devastador para una participación plena. A esto se suma la falta de acceso
equitativo a recursos de campaña, el predominio de estereotipos de género y una cultura
patriarcal arraigada.
Frente a esta realidad, diversos órganos han realizado esfuerzos importantes para reducir estas
brechas. La Junta Central Electoral (JCE) ha impulsado campañas de educación cívica con
enfoque de género y exigido el cumplimiento de cuotas en las listas partidarias. El Ministerio de
la Mujer ha promovido iniciativas para erradicar la violencia política, visibilizar liderazgos
femeninos y fomentar la equidad en todos los niveles de participación. Además, el Tribunal
Superior Electoral (TSE) ha avanzado en la interpretación de normas desde una perspectiva de
igualdad, respondiendo a denuncias relacionadas con discriminación y violencia simbólica en
contextos electorales.
Asimismo, persiste una deuda educativa marcada por la necesidad de formar ciudadanía con
enfoque de equidad. Promover desde las escuelas una educación no sexista, que valore el
liderazgo femenino y cuestione los roles tradicionales, es clave para construir una democracia
verdaderamente inclusiva.
Por eso, más que una efeméride simbólica, el Día Nacional de las Sufragistas es una oportunidad
para reflexionar y accionar. Participar en los procesos electorales no es solo un derecho
ganado: es una forma de transformación social. Votar es decidir el rumbo del país, pero
también es abrir el camino para otras mujeres, para nuevas generaciones que merecen un
entorno donde el liderazgo femenino no sea la excepción, sino una norma aceptada y
valorada.
Este día es propicio para renovar el compromiso con la participación política activa y
consciente. Porque la democracia se fortalece no solo cuando se amplía el acceso al voto, sino
cuando las voces de todas las personas, especialmente de las históricamente excluidas, son
escuchadas y representadas.
El sufragio femenino fue una conquista. Ejercerlo con determinación y conciencia es el mejor
homenaje a quienes lo hicieron posible.

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